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domingo, abril 11, 2021
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OPINIÓN / Reinaldo Aguilera: Nuestro Núremberg Tropical

A Anthony Morillo de 30 años le dieron los balazos en varias partes del cuerpo y al parecer tenía problemas con otros venezolanos en la obra donde trabajaba

El 8 de agosto de 1945, es anunciado al mundo el surgimiento de una norma jurídica que regiría el que hasta ahora se conoce como el juicio más importante en materia de crímenes contra la humanidad; es así como queda establecido el llamado “Estatuto del Tribunal Militar Internacional” (IMT) por sus siglas en ingles.

El preámbulo de dicho Estatuto es sumamente interesante, pues crea el marco de cómo funcionará incluso el Tribunal, dice así:

Considerando las declaraciones realizadas en su momento por las Naciones Unidas en relación con su intención de que los criminales de guerra sean conducidos ante la justicia; considerando que en la Declaración de Moscú de 30 de octubre de 1943 sobre las atrocidades cometidas por los alemanes en la Europa ocupada se hacía constar que aquellos funcionarios alemanes y los hombres y miembros del partido Nazi que hayan sido responsables de crímenes y atrocidades o hayan participado en los mismos con su consentimiento serán devueltos a los países en los que cometieron sus abominables actos para que puedan ser juzgados y condenados con arreglo a las leyes de esos países liberados y de los gobiernos libres que se crearán en dichos países.

Considerando que se hizo constar que la citada declaración se hacía sin perjuicio de que pudiera haber casos de destacados criminales cuyos delitos no tengan una ubicación geográfica determinada y que sean castigados por decisión conjunta de los gobiernos aliados; POR CONSIGUIENTE, el Gobierno de los Estados Unidos de América, el Gobierno Provisional de la República Francesa, el Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y el Gobierno de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (de aquí en adelante «los signatarios»), actuando en defensa de los intereses de todas las Naciones Unidas y a través de sus representantes, debidamente autorizados a tal efecto, han concluido el presente acuerdo y dictan el presente Estatuto”.

En tal sentido, luego de establecido el estatuto, el Tribunal Militar Internacional (IMC) entro en funciones y estuvo compuesto por jueces de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética, todo esto en el marco del proceso judicial iniciado al finalizar la guerra; las principales autoridades nazis serian acusadas entonces y llevadas a juicio en la ciudad de Núremberg, Alemania, de acuerdo con el Artículo 6 del Estatuto del IMC por los siguientes crímenes: (1) Conspiración para cometer los cargos 2, 3 y 4, que se enumeran aquí; (2) crímenes contra la paz, definidos como la participación en la planificación y la realización de una guerra de agresión violando numerosos tratados internacionales; (3) crímenes de guerra, definidos como violaciones de las reglas de la guerra acordadas internacionalmente; y (4) crímenes contra la humanidad; «a saber, asesinato, exterminio, esclavitud, deportación y otros actos inhumanos cometidos contra cualquier población civil, antes o durante la guerra; o persecución por razones políticas, raciales o religiosas en ejecución de o en conexión con cualquier crimen dentro de la jurisdicción del Tribunal, ya sea que violen o no las leyes nacionales del país donde son perpetrados»; la demarcación en negrilla efectuada por mí, tiene la intención de que ustedes mis lectores se ubiquen en nuestro presente, en la Venezuela ultrajada y maltratada por el régimen Chavista.

Vale la pena recordar, que la autoridad más alta de los nazis, la persona con mayor culpabilidad por el terrible Holocausto, nunca fue juzgado y no estuvo en los juicios; recordemos que Adolfo Hitler ya para ese momento se había suicidado, hecho ocurrido durante los últimos días de la guerra, al igual que lo hicieron varios de sus asistentes más cercanos, muchos otros criminales nunca fueron a juicio, algunos huyeron de Alemania al extranjero, varios cientos llegaron a Estados Unidos y a lugares tan distantes como la Argentina.

Luego de innumerables sesiones, finalmente el 1 de octubre de 1946, el Tribunal Militar Internacional (IMC) anuncio los veredictos, es así como impone la sentencia de muerte a 12 acusados, éstos fueron: (Hermann Goering, Joachim von Ribbentrop,  Wilhelm Keitel, Ernst Kaltenbrunner, Alfred  Rosenberg, Hans Frank, Wilhelm  Frick, Julius Streicher, Fritz Sauckel, Alfred Jodl, Arthur  Seyss¬Inquart y Bormann); tres prisioneros fueron  sentenciados a cadena perpetua (Rudolf Hess, el ministro de economía Walther Funk y Raeder).

Cuatro recibieron sentencias que iban desde los 10 a los 20 años (Doenitz, Schirach, Speer y Neurath), por su parte el tribunal absuelve a tres de los acusados: Hjalmar Schacht, Franz von Papen (político alemán que desempeñó un papel importante en la designación de Hitler como canciller) y Hans Fritzsche (jefe de prensa y radio).

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Las sentencias de muerte de la mayoría, fue llevada a cabo el 16 de octubre de 1946, con dos excepciones: Goering quién se suicidó poco antes de la fecha de su ejecución y Bormann que simplemente desapareció. Los otros 10 acusados fueron ahorcados, sus cuerpos cremados y las cenizas depositadas en el río Iser y finalmente los siete principales criminales de guerra sentenciados a reclusión son enviados a la prisión de Spandau en Berlín a cumplir sus condenas.

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Pues bien, luego de haber repasado algo de historia, el enfoque lo traemos a nuestra realidad; resulta que, al régimen bolivariano, soberano y antimperialista de Venezuela, el planeta se le está poniendo cada vez más pequeño y ya la comunidad democrática internacional está con el ojo bien puesto respecto a todo lo que aquí ocurre diariamente, se ha vuelto inocultable.

Justamente en el marco de cualquier reunión anual sea de la  Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) o incluso de la propia ONU, la gran mayoría de los líderes que participan, piden a los países participantes que aprovechen la ocasión para suspender a Venezuela de dichos organismos, mediante la aprobación de una contundentes resoluciones, lo que implica generalmente que el país deja de participar en todas las actividades, así como en los programas de cada uno de esos organismos.

Veamos un ejemplo directo, la Asamblea General es el órgano supremo de la OEA y en ella las delegaciones de los países integrantes deciden la acción y la política del organismo, se determina la estructura y las funciones de sus órganos y se somete a consideración cualquier asunto de especial importancia en el continente; créanme el caso Venezuela sin duda es un asunto de particular importancia en estos momentos para toda la región y lo será hasta que salgamos de la situación actual.

Paralelamente a éste tipo de acciones que también se repiten en Europa por cierto, ya es público el informe de un grupo de expertos designado por el secretario general de la OEA, Luis Almagro, el cual concluyó que el Gobierno de Nicolás Maduro y muchos de su entorno han cometido delitos de lesa humanidad, y por tanto, existe base legal para denunciarlo ante la Corte Penal Internacional (CPI) como ya se ha hecho; por consiguiente el asunto a los personeros del alto gobierno de la República Bolivariana de Venezuela se les pone muy feo, sin lugar a dudas en algún momento tendrán que rendir cuentas ante la justicia y eso mis queridos amigos será histórico.

Para los que conocen perfectamente lo que significa la expresión “Cadena de Mando”, les será más fácil entender que cuando se precisen responsabilidades no valdrá nada de lo que algunos piensan que los podrá salvar, los avances tecnológicos han permitido conservar la memoria de las acciones de todos esos criminales; sus protagonistas y colaboradores, también de las víctimas, por lo que  aquí sólo cabe decirles a todos los criminales que colaboran directa o indirectamente con el régimen, bienvenidos al siglo XXI que tanto les gusta nombrar, lamentablemente ya no les valdrá el mentir en su defensa, como otrora otros lo hicieron; el “yo no fui”, “yo no participé”, “yo no di la orden”, “a mí me lo ordenaron y yo sólo cumplí” no tendrá ningún valor a la hora de la verdad.

Aunque muchos lo duden, créanlo o no definitivamente habrá un Juicio, por supuesto no será en Núremberg en la alejada Alemania, quizás sea en algún sitio del Caribe más cerca de nosotros y de los acontecimientos.

De pronto pudiera ser en la hermosa ciudad de Santa Marta en la hermana Colombia y por qué no, en la Quinta San Pedro de Alejandrino, en la sala principal; para quienes hemos ido, sabemos que se encuentra muy cerca de la alcoba, el sagrado recinto donde murió el Padre de la Patria Simón Bolívar, el 17 de diciembre de 1830 a la una de la tarde, pues en ése lugar, justo al lado en el cual aún se conserva la cama (catre de campaña) donde murió El Libertador; se podría constituir el futuro Tribunal, la vergüenza si es que los culpables la tienen, no la podrán ocultar, luego de haber explotado tantas veces el nombre de Simón Bolívar para sus bajas y terribles acciones; de ésta manera tendremos nuestro Núremberg, pero un Núremberg Tropical, en el cual se ventilarán todos los crímenes uno por uno y al final todos tendremos justicia, porque es lo justo, así de simple y sencillo.

Reinaldo J. Aguilera R.


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