Expertos sostienen que desde el momento del anuncio se esperaba que la reconversión monetaria de agosto de 2018 fracasara por la hiperinflación, que ese año registró las tasas más altas hasta la fecha. Por ende, afirman que volver a quitarle ceros a la moneda sería inviable

Si un mexicano va a una carnicería en su país con el billete de mayor denominación, el de 1.000 pesos ($47,41), puede comprar seis kilos de bistec, que cuesta un promedio de $7,94; mientras que un argentino, pese a sufrir la segunda inflación más alta de América Latina, podrá adquirir, con el billete de 1.000 pesos ($12,88) dos kilos y medio de carne, que tiene un precio de $5,15 en promedio. En Venezuela, que atraviesa una crisis hiperinflacionaria desde 2017, el billete de mayor valor, el de 50.000 bolívares ($0,10), no compra más de 27 gramos o, lo que es igual, unas tres cucharadas de carne molida.

La familia de billetes, que alivió en buena medida la escasez de efectivo durante los primeros meses de su lanzamiento, pasó, en menos de un año, a ser disfuncional, término que, según la Real Academia Española, se refiere al «desarreglo en el funcionamiento de algo o en la función que le corresponde». Pues bien, el bolívar soberano que lanzó Nicolás Maduro en agosto de 2018 como un intento de recuperar el pulverizado valor de la moneda nacional, perdió nuevamente sus tres funciones: servir de unidad de cuenta, medio de pago y de reserva de valor.

«Ya se están manejando cifras altas, no como las que se manejaron previo a la reconversión de 2018, pero ya llegamos a los millones de bolívares, lo que significa que, en algún momento próximo, los sistemas de contabilidad empezarán nuevamente a fallar porque no pueden manejar tantas cifras«, asegura el analista financiero Henkel García, director de Econométrica. «Por otro lado, la falta de efectivo no necesariamente se debe a que no se ha reconvertido. Si el gobierno hubiese sacado billetes de 100.000 suficientes, o hasta de 500.000 bolívares, no habría escasez de efectivo al menos por los momentos».

Apenas dos años después de la reconversión monetaria anunciada orgullosamente por la televisión y la radio, y promocionada en decenas de vallas en todo el país que la lluvia se ha encargado de ir borrando, la administración de Nicolás Maduro planea emitir un nuevo billete de 100.000 bolívares. Con este dinero un trabajador no puede siquiera tomarse en la mañana un café en una panadería. Necesitaría siete u ocho billetes para pagar los 700.000 y 800.000 bolívares que cuesta en establecimientos de la Gran Caracas.

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Apenas dos años después de la reconversión monetaria anunciada orgullosamente por la televisión y la radio, y promocionada en decenas de vallas en todo el país que la lluvia se ha encargado de ir borrando, la administración de Nicolás Maduro planea emitir un nuevo billete de 100.000 bolívares. Con este dinero un trabajador no puede siquiera tomarse en la mañana un café en una panadería. Necesitaría siete u ocho billetes para pagar los 700.000 y 800.000 bolívares que cuesta en establecimientos de la Gran Caracas.

A pesar de que el bolívar claramente está cavando su propia tumba ante el importante avance de la dolarización –en el país habrá tres cajeros que dispensarán dólares a clientes de AKB Fintech-, el gobierno de Maduro no quiere renunciar a la moneda nacional y dolarizar oficialmente la economía, que es lo que han pedido trabajadores públicos y sectores de la oposición.

El mismo Banco Central de Venezuela (BCV), supeditado a las órdenes de Maduro, reconoce que los billetes perdieron dramáticamente valor. Según las estadísticas del ente emisor, desde febrero de 2020 no se ha puesto en circulación ni una pieza de las denominaciones 2, 5, 10, 20, 50, 100, 200 y 500 bolívares.

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